Anteponer los intereses de los demás por los propios puede resultar descabellado, más no imposible. El pensar en una sociedad que carezca de una competitividad provocada por el crecimiento puede resultar utópico, más no irreal.
Las características que identifican nuestra sociedad actual son aquellas que buscan satisfacer las necesidades temporales, sean estas necesidades individuales, que dividen tanto a la colectividad que va desde los grupos minoritarios, hasta los que implican a toda una nación. Es decir anteponer los intereses nacionales sobre los intereses mundiales.
El presente ensayo aborda la importancia de la educación, como una alternativa liberadora, que permita encontrar los valores que establezcan una relación estrecha entre el ser humano y el planeta, permitiendo la utilización de los sistemas abiertos y haciendo un manejo adecuado de ellos. Es necesario precisar que no se profundiza en los aspectos conceptuales, sino que estos son tratados desde un sentido interpretativo propio de los autores retomando las ideas de Freire y Savatier así como los sabes necesarios planteados por Morín.
Algunos de los adjetivos que se le puede dar a la educación podrían ser: instrumento, medio, ente, etc., entre otros, con los cuales se le puede simbolizar, de acuerdo a la concepción de la realidad que esta produce y resultar opresora del educando, debido a que el fundamento del que se apoya no consigue y no contiene en su esencia los elementos que le permitan liberarlo depurando su esencia. Los elementos que se consideran para que exista una educación liberadora son aquellos que no imponen, ni limitan el crecimiento mismo de la persona, permitiendo así que el encuentre su propio dimensionamiento, el de sus verdaderas proporciones, dentro de su concepción del espacio, permitiéndole entender que este se encuentra determinado por la acción de sus movimientos, y no como una condicionante de su entorno[0].
El dialogo es fundamental para que ocurra la liberación, siempre y cuando sea equilibrado y lo preceda la fe, que le da la confianza y le permita tener la humildad que se requiere para hacer de él una exigencia existencial, un acto creador (Freire, 1970).
Otros de los elementos que se requieren es la cohesión que surge de la reflexión-acción, ya que estos conceptos deberán estar íntimamente ligados, porque el segundo sin el otro tienden a crear una educación accionaria que no permite detenerse en la reflexión para reinventarse de acuerdo a las
necesidades iníciales ó en el caso de la carencia de la acción, se convierta en una educación verbalista que solo responde a un fundamento teórico alejado de toda practica real, previamente probada. En ello radica la importancia del sustento de uno con el otro, para que se pueda dar un verdadero entendimiento entre el dialogo educador-educando y educando-educador, uno a la par de otro y no solo uno por encima del otro, aunque esto pueda parecer complejo y aparente una educación sin lineamientos horizontales estratificados en una improvisación elocuente, no lo es así ya que para que verdaderamente sea liberadora deberá permitir apegarse a los elementos que buscan las necesidades humanas conjuntas, necesidades que permiten extraer el interior y posarlo para su comprensión, sin limitarlo, es decir crear un margen que le permita adueñarse concienzudamente.
Además de estos elementos deberá existir una revolución, pero no solo una revolución accionaria, que busque dominar y someter, sino una revolución que lleve en si un mensaje de amor inmerso en sus acciones, como lo menciona Freier, que además permita transformar, siendo como una abrazo estrecho y no como un sometimiento fundamentado en el temor obligado como consecuencia del rechazo a la integración de la comunidad, es decir como el convencimiento que surge de la reflexión interior que permite pregonar convencido de lo que se dice y lo que se hace. Una revolución que se fundamente en la esperanza, pero no la esperanza de la que se forma las ilusiones surrealistas[1] ó imposibles, sino la esperanza que permite la búsqueda, que alienta a seguir, que mantiene viva la fuerza que se requiere muy a pesar de los obstáculos que se presenten, obstáculos que surgen del ritmo de vida que tiene la sociedad actual y el sistema que nos rige, es por ello que en el siguiente apartado se aborda y se describe de manera axiológica sus consecuencias desde la óptica que se fundamenta en los valores necesarios para el bien común de la humanidad.
La recuperación de los valores
El mundo globalizado donde estamos inmersos, ha sido golpeado brutalmente, a través de la innovación y otros factores que se atañen al desarrollo de la sociedad. La pérdida de los valores y el libertinaje proliferante propicie que cada día el ser humano se robotice y pierda el verdadero sentido de la humanización, es por eso que debemos cambiar nuestra, manera de pensar y actuar para aprender a vivir en armonía, conservando la naturaleza y rescatando los valores éticos y morales que hemos perdido.
A lo largo de la historia de las civilizaciones han surgido cambios en los objetivos buscados, como se mencionan a continuación:
“Los primeros ciudadanos, la primera idea de ciudadanía en Grecia, surge cuando los cabezas de la familia renuncian a defender exclusivamente los intereses de su familia o de su tribu, de su gens, de su demos y se dedican a intentar buscar lo que tienen en común con los otros cabezas de familia con los que conviven”. (Savater, 2000 pág. 19).
La sociedad del siglo XXl tiene un compromiso muy grande, que es la de rescatar y conservar lo poco que queda de los valores humanos, que ha sido deteriorado por las generaciones anteriores.
Hoy en día se le debe apostar a la ética, conceptualizándola como “la que se ocupa del sentido de la libertad del individuo, tratando de buscar una plenitud humana”[2], y a la formación de nuevos ciudadanos responsables y respetuosos de la naturaleza y de la sociedad. La ética, es la reflexión que cada uno de nosotros debe hacer sobre su propia libertad.
Lo característico del ciudadano es su capacidad para dar a conocer su forma de ser, de pensar y actuar en colectivo. No hay ciudadano que se aísle o que no quieran relacionarse con los demás. El ciudadano de ser capaz de argumentar sus demandas, sus deseos y sus necesidades sociales, y al igual tener la capacidad entender e interactuar con el razonamiento de los demás, determinados por su capacidad racional.
Constantemente oímos que estamos padeciendo crisis de valores, los que no sabemos es que los valores nacen de la crisis, la cual exige un reacomodo de las actitudes de los ciudadanos. Citando un ejemplo diríamos que esto se da cuando en la calle vemos a un joven pegándole a su novia, inmediatamente pensamos que es una forma incorrecta de actuar, y por lo tanto nos obliga a crear el valor de el “respeto”.
Con la creación de valores, debido a todas las anomalías que suceden y los desordenes de conducta que padece la humanidad a consecuencia de diferentes factores, tendremos que darnos a la tarea de investigar constantemente, y ponerlos en práctica.
La solidaridad es otro de los valores que el ser humano debe fundamentar y consolidar, es penoso ver que nuestro propio vecindario, no conozcamos a nuestros vecinos, porque el tiempo se convierte en una carencia, la cual nos impide compartirlo, además de otros factores, uno de ellos es el trabajo, que debido a la presión ejercida por el sistema, hemos perdido lo fundamental que es la convivencia. Las ocupaciones cotidianas se centran en tareas superficiales, que cortan el vínculo humanitario que es necesario para la supervivencia, esto lo vemos cuando los padres de familia son absorbidos por el trabajo priorizando sus actividades, y dejando de lado la comunicación familiar, la fomentación de los valores así como los que permite la interacción con la naturaleza. Estos podemos denominarlos como los valores ecológicos, que buscan concientizar y preservar el medio ambiente.
Los valores ecológicos, son aquellos que permiten establecer el respeto por la naturaleza, viéndola como un lugar sagrado, que se debe enriquecer, que el ser humano forma parte de él y no es de su propiedad.
En el futuro, para sobrevivir a los constantes cambios sociales y de el ecosistema es importante considera a la educación como el eje central, ya que esta tiene una importancia decisiva, su acción transformadora contribuye a los fines más nobles del ser humano, como lo es el practicar la convivencia sana con su medio natural, la reinterpretación del legado cultural, así como replantear críticamente y edificar nuevos conocimientos sobre la realidad presente (Morin, 1999).
Conclusiones
Las cuestiones planteadas, pueden resultar axiológicas desde una perspectiva tacita que son propias de una realidad próxima, o de un sentir humano que retratar un sentimiento de nuestro tiempo.
Es urgente enfrentar los vertiginosos cambios de la educación, sin duda los actores inmersos, son quienes despliegan un abanico de experiencias, ideas y cuestionamientos, a partir del núcleo real del quehacer educativo. Pues resulta de ello formular una visión hacia el futuro de la educación, la cual puede resultar inexacta, mas sin embargo prepara el área por el que transitara la realidad próxima.
Aportaciones
La educación debe ser integral con el propósito de cubrir todos los aspectos de la vida, con conocimientos científicos (aprender a conocer), destrezas profesionales (aprender hacer), valores humanos (aprender a ser), y el ejercicio de la responsabilidad ciudadana (aprender a convivir).
El actual ciudadano que requiere nuestra sociedad, debe ser un ciudadano comprometido y dispuesto a cambiar, libre de todo prejuicio, para la transformación de un mundo mejor, a los niños se les debe inculcar los valores, como es el respeto, la solidaridad, la democracia etc. Con una conciencia plena del cuidado y conservación del ambiente, la tarea del docente está implícita y marcada como un y quehacer cotidiano. Educar en valores no es tan fácil, el docente debe estar preparado y estar apropiado de los valores.
[0] Para la propia reflexión véase la obra de Barchelard, Gastón “La poética del espacio”.
[1] No quiere decir que se descarte al Surrealismo como tendencia creadora, sino como elemento tangible dentro del contexto que lo produce.
[2] Savater, op. Cit., pág 23.
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